Alicia Keys – If I ain’t got You
Cantar de los Cantares 8:6-7: Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo porque fuerte es como la muerte el amor; duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos…
Su voz es suave, me cautiva. No olvido esa nueva primera vez al teléfono nerviosos tratando de descubrir nuestra esencia.
Vienen a mi mente nuestras pequeñas conversaciones de hace escasos ocho años. “¿No te va a salir muy cara la llamada por el tiempo que hablamos?” decía preocupado, “No te preocupes, tengo cien llamadas gratis” me respondió. Sí, es divertido ¿verdad? —yo pensé que todas las llamadas eran cobradas por minuto— pero no he perdido mi esencia —¿de un tacaño?— , aún sigo pensando en ello y al recibir una llamada suya —de su teléfono del que no le sale gratis llamarme jiji— sigo preguntando, “¿no te saldrá muy cara la llamada?”.
Al escucharla recuerdo sus detalles. Pienso en lo maravillosa y hermosa que la encontraba cuando ella y yo apenas éramos unos niños. Su fleco al frente le daba un toque divino, un fleco perfectamente hecho. Sus ojitos me inspiraban una tremenda fascinación, eran un rincón lleno de hermosos sentimientos, no olvidaría por nada esa tierna y dulce mirada, aquella mirada que hacía perderme en nuestro mundo, ese que ella y yo formábamos. No puedo dejar de sentir ese primer beso, nuestro primer tierno y tímido beso. Sus labios no sólo se fundían con los míos sino que tocaban lo más profundo de mi alma haciéndola sentir no sólo afortunada sino, bendecida. Sus labios me parecen irresistibles, hermosos, simplemente hermosos.
Hoy, mis días se inundan con su increíble dulzura. Mis días son diferentes desde que tiernamente acaricia mi corazón, desde que celosamente lo protege no permitiendo que los malos sentimientos tengan lugar en él.
Hoy, mis noches se deleitan con su presencia en mis sueños, precisamente en el momento en el que delicadamente roza mis labios y les concede un dulce beso. Mis noches son diferentes desde que me cobija, desde que me abraza, desde que duerme y amanece a mi lado.
El escucharla me transporta a lugares que sólo había imaginado en sueños. El escucharla me recuerda que al día de hoy, después de esos escasos y eternos ocho años, sigo fuertemente convencido en que cumple y reune en demasía lo que yo anhelé en una dama.
Gracias Gina por este hermoso tiempo de felicidad, Gracias a tí Padre mío por bendecirme enormemente con su amor.
Norah Jones – Humble Me
La palabra de esta noche es, confusión.
Buscas mejorar tu vida. Lo anterior puede llevarte a mejorar las relaciones con tu pareja, familia y amigos. Pero resulta que, en vez de ayudar, las situación empeora. Es interesante cómo es que, en tan sólo una tarde, puedes poner en contra tuya a las cuatro personas que podrían representar algún tipo de relación en tu vida.
Aún busco muchas respuestas. Esto que vivo y siento, ¿en verdad me está llevando a mejorar?, o más bien, ¿vino a ponerme en guerra con quien yo era en sí?.
Sobre todo, el estar aquí con la esperanza de recibir esta noche su llamada. Han pasado cuatro horas con el teléfono en mano y no hubo respuesta alguna. Update: La hubo en cuanto publiqué esto, ¿es un complot o qué?.
***
Hoy hice limpieza de mi cuenta de correo. Muchas cosas olvidadas vinieron nuevamente a mí.
Recordar nuevamente lo que yo pensaba y sentía en aquellos días ha sido bueno. Leerme, ver mi madurez en aquel tiempo y el cómo me expresaba me ha sido de aprendizaje.
Sacar esos trapos viejos para olvidarlo de forma definitiva ha sido bueno. Recordar que ha habido gente valiosa en mi camino es gratificante. Recordar cómo he sido literalmente herido del corazón fue justo.
Y aquí agradezco a quienes de alguna u otra forma demostraron que siempre estuvieron para mí.
Tengo ganas de seguir hablando de las mujeres de mi vida. Sigo haciendo énfasis, no tuve algo fuera de una buena amistad con ellas —a excepción de mi amada Gina—.
En el amor no hay temor.
1 Juan 4:18: En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor.
Cuando pienso en qué agradecerte me doy cuenta que simplemente debo agradecerte todo, absolutamente todo. Agradecerte el que me permitas disfrutar de la suave mañana y que el sol ilumine mi rostro para decirme “Vamos, ¡es hora de iniciar el día! “, una nueva oportunidad de cambiar y mejorar mi vida. Esas grandes ideas y soluciones, el que me permitas pensar claramente y resolver problemas, te lo agradezco.
Debo confesarte que te sacaste un súper 10 con esa divina sorpresa. Excediste mis expectativas aunque, tú bien sabes lo que mi corazón necesita. Feliz soy por ello. Gracias por esas hermosas “coincidencias” =). Gracias por guardar mi corazón para ella.
Te agradezco que me hayas buscado y encontrado. Sé que no te diste por vencido.
Gracias por cada una de tus bendiciones, gracias por este hermoso reencuentro.
Tranquilidad
El tener su voz por las noches me hace sentir tranquilo. Nada pasará. Gracias por ello amor.
…Y ahora, escucho también la tuya… ¡gracias, Abba, Padre!
Abordado por la prensa
Siempre pensé que Caramelo —el mayor y más pequeño de mis perros— debió haber sido reportero —o periodista— en su otra vida. Él siempre está en el momento de la acción, en el momento de la noticia.
Dos de la mañana, abres la puerta de tu cueva para ir a picar algo del refrigerador —he ahí por qué mi constante lucha contra el sobrepeso— y cuando al fin has encontrado algo, cierras la puerta… Caramelo se encuentra a un lado moviéndote la cola como invitándote a una pequeña complicidad… “Si me compartes, yo no digo nada“.
Ocho de la manaña, abres la puerta de tu cueva para ir al baño —por aquello de la descarga tempranera—, Caramelo corre a tu puerta y te da los buenos días. Entras al baño, desahogas, sales y ahí está en la puerta esperándote.
Cinco de la tarde. Estás en la azotea de la casa arreglando el cable de la antena que no permite ver tu Telenovela favorita. Sí, Caramelo está ahí enredado entre los cables —del resto de las TVs—pero ahí está trabajando contigo.
Seis de la tarde. Abres la jaula de Muñeco y del otro perro —cuyo nombre no puedo revelar— y ahí está Caramelo ladrando como diciéndoles por dónde deben irse para hacer sus necesidades.
Ocho de la noche. Vas a la azotea porque olvidaste las herramientas que utilizaste. Te aseguras de cerrar puertas. Subes, te das la vuelta y ya está Caramelo presente.
Diez de la noche. Llegas a casa, abres la puerta y Caramelo te da la bienvenida.
¿No tiene nada qué hacer mas que estar al pendiente de lo que haces?…
No importa, así, así lo quiero al mugroso —no es cierto, así es su color de pelo, blanco sucio—.
¿Es original?
Como había mencionado anteriormente, mis padres nunca hicieron mucho énfasis en vestirnos bien. Por el contrario, todo era basado en la practicidad, funcionalidad, y un largo etc. “¿Tenis nuevos, para qué?, los que tienes aún se ven en buenas condiciones”.
Durante la primaria, al igual que muchos otros, sufrí las fuertes críticas —de los que tenían una mejor posición económica y/o tenían hermanos mayores— por usar zapatos de imitación. ¿Zapatos nuevos?… ¿son originales?, a ver la suela del zapato… nel, no tienen la palomita, están jodidos.
Lo anterior me hizo ser bastante especial con las cosas que pedía o me regalaban. “¿Es original?” era mi primer pregunta en vez de un agradecimiento. Así fue que me gané la fama de “A Gerardo sólo le interesa lo original“. Yo sólo quería evitar la burla en la escuela.
Uno de mis compañeros me dijo que tenía la letra muy jodida. Desde entonces, cuando debía llenar algún documento público —por aquello de ser el vicepresidente de la Student Society—, le pedía de favor a Laura —la chica con la mejor caligrafía en el grupo— que lo hiciera.
Fui objeto de burlas por no saber jugar al futbol. Por no pertenecer a algún club llamado “Talentos deportivos” o algo así. Al final de la selección de equipos, siempre me quedaba con alguien más porque no querían escogerme.
Me interesaba el dibujo. Llevaba un curso por las tardes hasta que dos de mis compañeros —muy buenos dibujantes— encontraron mi libreta y dijeron “Cagado, cagado, cagado, más o menos, cagado y mmmm… cagado” mientras recorrían cada página.
Recuerdo tristemente a aquel niño a quien simplemente no le agradaba y me pateaba durante el recreo.
Aún siento el golpe del profesor de computación con el cable telefónico por haber estado frente a la computadora incorrecta en el momento incorrecto. Yo no toqué ni descompuse nada. “No le estés metiendo mano a las máquinas”.
En esos días, me prometí que a mis hijos les enseñaría a ser fuertes en su mente y no permitir que los comentarios de los demás les afectaran, que los escucharía y sería su mejor amigo para aconsejarlos si problemas en la escuela tenían…
