Cada que alguien me dice “Amor de lejos, felices los cuatro”, me dan ganas de sacar el modelo matemático que explica por qué la gente es ahora tan estúpida y ciertamente, ese tipo de relaciones tienden a no funcionar.
Me tranquiliza saber que soy diferente y que soy fiel. Me tranquiliza saber que Gina, mi princesa, es incluso mucho mejor que yo en ese aspecto.
Cada que alguien me dice “A la mujer, ni todo el amor ni todo el dinero” me dan ganas de explicarle el modelo matemático que explica la estúpida indiosincracia (sic) que los hace vivir desconfiados de sus mujeres pensando en que seguramente les está poniendo el cuerno y que incluso, gasta el dinero en el sancho.
Cada que alguien me dice que le eche todas las ganas del mundo a mi noviazgo y que no importa qué reto se presente, si existe amor esto durará, me dan ganas de darle un abrazo y de decirle “Qué chido contar con amistades como la tuya”.
Un saludo a Ceronne y a Helenística que para mí, son un ejemplo a seguir.