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Anodadado
Anoche me encontraba fuera de casa cuando de la nada, apareció…
Llevaba un vestido puesto. Ese color le iba tan, pero tan bien. No podía dejar de observarla —in—discretamente. —¡Tranquilo! —escuché dentro de mí. Ella atravesaba un camino, ¡Dios mío, vaya porte, vaya actitud!.
Sí, como lo sospechaba, se dirigía a mi lugar. Las piernas empezaron a temblar, las manos a empuñarse y empecé a desviar la mirada a cuanto sitio se pusiera enfrente.
Sonó el teléfono. —¿Va todo bien?— escuché del otro lado. —Sí —, respondí. — Tengo que colgar.
De pronto la tenía frente a mí. Seguramente, si hubiera seguido el ejemplo de mi fiel amigo Caramelo, ya habría mojado mis pantalones.
Qué ojos tan expresivos —pensé. Qué ojos tan hermosos. Qué color tan hermoso.
Tímidamente me saludó y en seguida, me reclamó aunque de eso, no vale la pena hablar.
Cambia la escena. Me encuentro manejando rumbo a casa escuchando las canciones que me hacen recordarla y fue así cómo es que a mi mente, vino nuestro tímido y pequeño gran reencuentro… Te amo ternurita…
La última mañana…
Él, está triste.
No ha comido esta tarde. El plato, intacto. Cada metro cuadrado de la casa ha sido recorrido y aún nada. “Te extraño”, piensa.
Su ausencia le pesa. Su temperamento lo hace dudar.
Y es que, su padre, aunque, mucha sea la diferencia en raza y pigmentación, no está esta noche con él.
———————
Recupérate pronto muñeco.
Rudo y Cursi
Podrán llamarme romántico y la verdad, sí lo soy. Aclaro, no con cualquiera.
Ejemplo. Me encontraba reunido con mis eficientes y talentosos colaboradores en las oficinas de backoffice —las del primer piso— y se me ocurrió pedirles me apoyaran a aterrizar una idea que traía en la cabeza.
Durante la semana previa a visitar a mi amada, harto agobiado por la brevededad del tiempo, había estado pensando en un pequeño obsequio para ella que de cierta forma rompiera el incipiente hielo entre ambos y habiendo recordado una conversación previa, se me ocurrió una maravillosa idea.
—Jefe, es usted un cursi — se aventuró a decir el chico de compras. Que siendo sinceros no supe si lo dijo por lo ridículo que podría parecer el detalle en cuestión o porque le era difícil de comprender cómo es que, alguien como yo, pudiera pensar en un detalle así —que le voy más a lo segundo por la expresión en su rostro— y cuando pensaba en argumentar a mi favor explicándole que sólo se trataba de un simple detalle, vino lo mejor. Descubrí que realmente esto significaba algo más, que me la pasé toda esa semana pensando en algo que expresara que la había recordado todos esos días y más aún después de no verla casi ocho años y que, muy especial es para mí, como para exprimir de mi cabeza algo que me ayudara a demostrarle lo que estoy dispuesto a hacer por ella, no un osito, no una flor ni unos chocolates, por el contrario, algo realizado mí y de mi propia inspiración. Finalmente, no pude evitar sonrojarme y guardar silencio ante dicha observación que aunque le buscara alguna tangente, era verdad, estaba sintiendo algo más que un simple protocolo de cortesía de una visita.
Y así es que, todo apenado, mis colaboradores descubrieron esa parte mía, la de un romántico. Hermosamente inspirado por tí.
Sí, soy un romántico… pero aclaro, no con cualquiera.
P.D. Gracias a todas las personas que me ayudaron a que esto fuera posible. En especial a Angie —mi hermana— y Lucero —su mejor amiga— que me tuvieron paciencia cuando no me salía algo como quería y me apoyaron a hacerlo.
O’oops… la vaca.
—¡No mames! — Logré escuchar a mi lado izquierdo aunque no indentifiqué si se trataba de sorpresa o espanto.
Lentamente —como no queriendo la cosa— volteé a ver de qué se trataba semejante expresión de emoción y ¡oh sorpresa!, A.A., —me limitaré a llamarle de esta forma para proteger su identidad y no, no es alcohólico anónimo— familiar mío, se encontraba harto sorprendido de encontrarme en la puerta tres de la sala B del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
A.A. presumía de que su plan iba del todo perfecto hasta que aparecí yo en la escena… ¿Por qué?.
Todo comienza el día viernes (09 de octubre), cuando salió de su ciudad natal en dirección a la capital del Estado —Tuxtla Gutiérrez—. Habiendo arribado a las 5:00 A.M., tomó el primer taxi disponible solicitándole al chofer que le llevara al Aeropuerto Internacional Ángel Albino Corzo al cual llegó con el tiempo suficiente para tomar un vuelo a la Ciudad de México en punto de las 7:00 A.M.
Hasta aquí todo va bien, ¿cierto?…
A.A. engañó a sus padres argumentando que estaría durante el fin de semana en la Capital Chiapaneca para acompañar a sus amigos en la gran fiesta de cumpleaños de Checo —amigo suyo—. La realidad fue otra. Tomó el primer vuelo del día para verse con su pareja —unos años mayor… once para ser exactos— y así pasar el fin de semana juntos…
Hasta aquí todo va bien , ¿cierto?… —bueno, si alguien entre ustedes está en contra, no es importante. Lo hecho, hecho está.—
El horario de los vuelos era perfecto. Todos en excelente sincronía de tal forma que, a su regreso A.A., tenía la oportunidad de arreglar algunos pendientes —reales— en Tuxtla Gutiérrez y así poder tomar el omnibus que finalmente —el día de hoy, o técnicamente ayer, 11 de octubre— la pondría en su natal ciudad.
—Aeroméxico, la única aerolínea que llega al Sur, se encuentra en la Terminal 2. Nadie me descubrirá — pensó.
—Favor de presentarse en la Puerta tres de la Sala “B”— escuchó en el altavoz.
Mientras se acercaba a la puerta, le agradecía eternamente a Dios de que todo el fin de semana con todo y el maquiavélico plan, haya salido de maravilla, claro, hasta cuando la película se detuvo y es ahí donde hago acto de aparición…
—¡No mames! — exclamó.
Definitivamente A.A. no esperaba encontrar a nadie familiar —al menos alguien que le pudiera reconocer el rostro… al menos no en el D.F.— y así fue cómo es que de la nada, todo se vino abajo.
—¡Pinche Ger, no pensé que fueras a viajar hoy. Creí que te quedarías más tiempo!— me reclamó.
Después de platicarme toda la puritita verdá (sic) me pidió que le apoyará a guardar el secreto. Lo anterior me incomodaba al no estar dispuesto a participar en una situación que me pondría en un grave problema que, al enterarse la familia, ¡me recriminaría mortalmente!.
El problema era evitar el ser visto en la Capital Chiapaneca por lo que mi participación se hacía activa informándole el momento en el que yo me retirara con las personas que llegaran por mí y así fue. Lo curioso fue que, no podía evitar ver su maleta —extremadamente identificable— dar vueltas en el carrousel como vil huérfana., mientras A.A. esperaba nerviosamente en el baño del aeropuerto.
Por si fuera poco… habiéndome registrado desde las 2:30 P.M. y A.A. a las 6:00 P.M., teníamos asignados los asientos 5b y 5c respectivamente…
Buen retorno y espero que todo salga… como lo habías planeado.
The New York ChismMeXx!: Extraditan chico exitoso de Toulouse
Después de 365 días en el viejo continente, más de mil pumpos (recipiente natural para transportar líquidos) llenos le lágrimas de su madre, 500 corajes de su padre, seis mil baches pasados inconcientemente por su hermano (con su pointer —es decir, el mío—), cero materias reprobadas por su hermana el último semestre…
El joven (se refieren a mí) llegó a su querido México con un proyecto exitosísimo de … algo de su Universidad en Cuernavaca ¿?.
Las primeras impresiones fueron: Venía con una deshidratación en tercer grado por falta de pozol en tanto tiempo, su desnutrición por no comer tacos al pastor y de cochito era desvastadora, la caída del cabello se le atribuye a estas graves enfermedades.
Nos da gusto informarles que esto se ha curado, que (yo) ya se encuentra bajo la protección de su familia en una casa de seguridad ubicada a las muy afueras de la ciudad de Tuxtla Gtz., a la cual sólo se tiene acceso vía helicóptero ya que está casi llegando a Villahermosa, con guardias importantes como el muñeco, el —nombre de mi perro dálmata el cual no puede ser publicado por ciertas razones— y caramelo (mis tres perritos).
Por si la seguridad falla, la prisión alterna es un campo de concentración ubicado en el municipio de Berriozabal, Chiapas… cerquita de Coita.
En estos momentos su alimetnación está basada en chipilín, masa, cacao, café, tazcalate, tacos, tamales, frijoles, chile y muchos alimentos más. Deseamos la mejor de las estancias al joven ingeniero…
Así me recibieron hace un año! jeje, con un buen artículo del New York ChisMeXx jeje. Muchas gracias Abril! y gracias a todos por estar conmigo ese día.
Rondino in Es-Dur, Wo0-25: Andante
Logro contemplar el hermoso amanecer desde la ventana de mi recámara que —para mi fortuna— está ubicada en un punto en el que no logro percibir la panorámica de la ya estresante ciudad. Ubicada en una casa modesta, no ostentosa, con más terreno por conquistar que lleno de concreto, edificada a las casi faldas de uno de los cerros que sostiene a la carretera que va hacia esa pequeña colección de miradores que a la vez permiten tener una panorámica del ya muy conocido Cañón del Sumidero —tomando en cuenta que su fin principal es ser un buen escondite para ladronzuelos que en la primera oportunidad hacen de las suyas—. Sí, uno podría pensar en por qué vivir tan lejos y es que, varios de mis allegados se burlan diciéndome que vivo en “Donde baja a tomar agua el tigre” —y que espero y no se refieran al de Santa Julia porque en verdad sería incómodo toparme con él en las condiciones que ha sido encontrado—.
Mi abuelo —No me atrevería a llamarlo “Don” siendo que todos se refieren a él como “El Ingeniero”— el Ingeniero Sebastián S. A. —No, no era de una sociedad anónima— fue dueño de todo lo que hoy conocemos como Huajintlán —No, no el de Morelos, sino el de Chiapas— y de una buena parte de terreno de lo que hoy conocemos como “El Parque Nacional Cañón del Sumidero”.
Años más tarde, cuando el Gobierno le hubo quitado esa gran cantidad de tierras decidió fraccionarlas. No sé si motivado por lo jugoso que sonaba el hacer negocios con tantos lotes —apuesto que el metro cuadrado de los mismos no valía más que una Coca-Cola de tres litros al día de hoy- o por alguna otra razón meramente, pasional. (Sí, métamosle un poco de morbo a la historia). Mi abuelo —el Ingeniero— era muy bien conocido por sus múltiples aventuras sentimentales o puramente hormonales —les podría asegurar que no a todas las quizo, pero a mi abuela, sí… y harto!—, por lo que al día de hoy se le conocen más hijos que obras —de construcción— realizadas.
Cabe mencionar que no todo fue extraño y alborotado en la vida de mi abuelo —el Ingeniero—. Bien debo reconocer que he admirado algunos —dos, para ser exactos— de sus libros publicados. El Ingeniero —miembro de la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos— tiene en su haber famosas disertaciones sobre varios de los temas que generan polémica en esta vida e incluso parte de los ya tantos libros de historia de este Estado. Hoy sigo sin poder verlo de frente y no preguntarme de estos tantos misterios que esconde su vida —inserten aquí una música tenebrosa por favor—.
Como buen padre, El ingeniero le vendió a uno de sus tantos hijos —mi padre— uno de los terrenos fraccionados. Quisiera imaginar ese momento en el que mi padre pensaba seriamente si el terreno pertenecía aún al municipio y peor aún, cómo diantres le iba a hacer para llegar a él.
Y es así cómo es que desde hace unos poco años, vivo aquí —mejor dicho, mi familia- en este lugar al que mis allegados refieren como “Donde baja a tomar agua el tigre”…
