¿Es original?

Como había mencionado anteriormente, mis padres nunca hicieron mucho énfasis en vestirnos bien. Por el contrario, todo era basado en la practicidad, funcionalidad, y un largo etc. “¿Tenis nuevos, para qué?, los que tienes aún se ven en buenas condiciones”.

Durante la primaria, al igual que muchos otros, sufrí las fuertes críticas —de los que tenían una mejor posición económica y/o tenían hermanos mayores— por usar zapatos de imitación. ¿Zapatos nuevos?… ¿son originales?, a ver la suela del zapato… nel, no tienen la palomita, están jodidos.

Lo anterior me hizo ser bastante especial con las cosas que pedía o me regalaban. “¿Es original?” era mi primer pregunta en vez de un agradecimiento. Así fue que me gané la fama de “A Gerardo sólo le interesa lo original“. Yo sólo quería evitar la burla en la escuela.

Uno de mis compañeros me dijo que tenía la letra muy jodida. Desde entonces, cuando debía llenar algún documento público —por aquello de ser el vicepresidente de la Student Society—, le pedía de favor a Laura —la chica con la mejor caligrafía en el grupo— que lo hiciera.

Fui objeto de burlas por no saber jugar al futbol. Por no pertenecer a algún club llamado “Talentos deportivos” o algo así. Al final de la selección de equipos, siempre me quedaba con alguien más porque no querían escogerme.

Me interesaba el dibujo. Llevaba un curso por las tardes hasta que dos de mis compañeros —muy buenos dibujantes— encontraron mi libreta y dijeron “Cagado, cagado, cagado, más o menos, cagado y mmmm… cagado” mientras recorrían cada página.

Recuerdo tristemente a aquel niño a quien simplemente no le agradaba y me pateaba durante el recreo.

Aún siento el golpe del profesor de computación con el cable telefónico por haber estado frente a la computadora incorrecta en el momento incorrecto. Yo no toqué ni descompuse nada. “No le estés metiendo mano a las máquinas”.

En esos días, me prometí que a mis hijos les enseñaría a ser fuertes en su mente y no permitir que los comentarios de los demás les afectaran, que los escucharía y sería su mejor amigo para aconsejarlos si problemas en la escuela tenían…

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El niño que quería ser mujer

Me encontraba en tercer grado de primaria.

El maestro Octavio —nuevo en la escuela— era un hombre amoroso. Gozaba de abrazar a las niñas y tenerlas en sus brazos, llamarlas y sentarlas en sus piernas. Sí, cómo no.

Un día —no recuerdo de qué tema hablábamos— lanzó la siguiente oración. “Yo creo que todos estamos conformes con nuestro género ¿no es así?, no creo que en este grupo haya un niño que quiera ser mujer o viceversa”. Y es ahí donde yo hice acto de aparición; me puse de pié y dije “A mí me gustaría poder ser mujer”. Grave error, todos los terceros sabían de mi comentario y no dejé de ser llamado homosexual hasta que simplemente me gradué de la primaria.

No soy gay y nunca en mi vida he tenido ningún tipo de pensamiento no-heterosexual. Yo sólo tenía la intención de saber lo que una mujer siente. ¿Por qué para nosotros el futbol representaba nuestra meta en la vida y para ellas era cuidar de alguien, ser ordenadas e inteligentes e incluso más obedientes? entre muchas otras preguntas más.

Ese día pensé que ir a la escuela, era sinónimo de conocer gente que haría tu vida imposible mientras te encuentres en ella…

Un pordiosero…

Recuerdo que cuando era niño, viajábamos durante el verano a Tapachula para pasar las vacaciones con la familia de mi madre.

Cuando esto pasó, tenía aproximadamente 6 años.

Mi madre tenía la costumbre de aprovechar nuestra ropa si ésta se encontraba en buenas condiciones y si la habíamos dejado por simple “Crecimiento óseo”. Es decir, un pantalón lo hacía bermuda, etc.

Afortunadamente —o desafortunadamente, no lo sé— en casa no siempre le pusimos mucho énfasis a la apariencia física —aunque luego tus compañeritos de escuela se encargan de hacer lo suyo—. Mi padre es extremadamente austero y  mi madre simplemente pensaba en “son unos niños” —quiero pensar—. Me cortaba el cabello una tía que vivía a un lado de la casa. Ahora veo mis fotos y en verdad que era una buena trasquilada la que nos hacían. Mis padres no pensaban en “qué dirá la gente”, al menos no mientras fuimos niños aunque por el contrario, cualquier forma de economizar era buena.

Saliendo de esta historia de vida.

Una vez íbamos a salir —mi hermano y yo— con una de las hermanas de mi madre y nos vestimos como vestiríamos si salieramos con ella.

“¡Parecen pordioseros por cómo se visten!. Díganle a su mamá que les compre ropa, ¿Ustedes creen que van a ir así conmigo?… anden, busquen algo más presentable”.

No recuerdo haber hecho voto alguno. Pero desde entonces sé que existe una barrera entre ella y yo y que para ella soy un pordiosero. No me agrada su constante interés por las apariencias exteriores y lo repudio.

La pregunta aquí es, ¿estoy haciendo lo mismo con quienes me rodean?…

El día que sufrí mi primera infidelidad

Era mi primer semestre de preparatoria.

Recuerdo que acababa de recibir el pago de mi beca —aquella por obtener 100 puntos en el examen de admisión, déjenme presumir—  y se aproximaba el catorce de febrero. Decidí pues, que quería organizar un pequeño fin de semana para ella.

Viajé a Tapachula para verla. El fin de semana con ella se clausuró con una modesta cena en casa de mis tíos.

Quiero pensar que algo sucedió en su conciencia. Algo que derepente la llevó a decirme “quiero hablar contigo de algo importante, ¿recuerdas que te platiqué de aquel chico de mi escuela?, hubo una fiesta y una cosa llevo a la otra y nos besamos. Nos hemos escrito un par de cartas desde entonces”.

No recuerdo qué sentí. Pero, “la perdoné” y lo seguimos intentando. Confieso que lo nuestro no funcionó desde entonces.

Sólo sé que desde entonces hice un voto, nunca volvería a tener una relación a distancia.

Heridas en el alma, en el espíritu…

En mi vida, la espiritualidad tiene un lugar demasiado importante. No, no soy religioso. Lo que he experimentado me lleva a pensar que la fé que tengo y lo que creo, no es una religión, es una forma de vida.

Como cualquier persona, tengo problemas. Problemas cuyas causas no conozco y es por eso que he decidido hacer un pequeño ejercicio. ¿De qué va?.

Escribiré cada uno de los momentos que me hayan hecho sentir algo diferente a la felicidad. Es decir, no precisamente son experiencias que me hayan marcado pero, considero que entre ellas puedo encontrar la respuesta de algunas cosas.

Así que, si Usted gusta querido lector, puede ir a dar una vuelta durante los próximos días para evitar leer esta serie de extraños acontecimientos de mi vida. O si lo prefiere, colabore comentando en la experiencia que quiera.